En la inmensidad blanca, un solo árbol permanece en silencio. El blanco y negro reduce el paisaje a lo esencial y convierte la nieve en un lienzo que la propia naturaleza ha pintado. La ausencia de huellas nos habla de quietud, de un mundo intacto donde el tiempo parece detenerse. La imagen invita a respirar, contemplar y meditar: aquí, la fotografía no crea la belleza; simplemente la descubre. Impresión digital sobre canvas con marco de madera. Edición 1/6, 2016.